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El pecado colectivo en los Católicos

 

P. Fr. Alberto García Vieyra O.P.

 

El asunto propuesto como tema general del XIII Congreso de las Conversaciones Católicas Internacionales nos preocupa desde hace tiempo como a tantos otros, y es necesario afrontar su estudio desde un punto de vista realista para llegar a soluciones concretas y prácticas.

Ha sido muy oportuno proponer como tema "El Pecado Colectivo". Existe en realidad un pecado, y un pecado como forma común colectiva. Vamos por partes.

Pecado es aversión a Dios y conversión a los bienes conmutables. Colectivo significa algo común, de la comunidad, de la colectividad. En nuestro caso de la comunidad de los católicos. Quiere decir que Pecado Colectivo, será una forma común de aversión a Dios y a las cosas de la Iglesia que ha invadido el campo católico. Más precisamente, es la aversión a Dios y a la Iglesia que se manifiesta entre los católicos como forma común de pensamiento y acción.

No exageramos. Esta forma de aversión se da actualmente en el humanismo cristiano, que como es sabido tiene sus orígenes en el Humanismo Integral de Jacques Maritain. Como aversión a lo sobrenatural, no tolera más que una fe subjetivista, en el fuero de lo interno, y una concepción naturalista de las instituciones sociales y políticas. Tal concepción humanista o pluralista ha paralizado y corrompido todas las fuerzas reales del apostolado católico, llevándole a la pendiente de las concesiones, de la tolerancia, de los silencios cómplices. Si en nuestro país, toda la enseñanza superior está en manos de marxistas es por obra y gracia de estos católicos pluralistas. Si en un congreso de educación, formado por católicos, no se habla para nada de la doctrina de la Iglesia y se habla indefinidamente de la persona humana, es también por este tipo de católicos.

Las notas distintivas de este Humanismo son las siguientes:

1) Silencio frente al error y frente a la herejía. La fe, según el pluralismo, debe arrumbarse y establecerse una forma de convivencia laica, naturalista, donde lo sobrenatural haya desaparecido.

Ya conocemos la respuesta. Que no se niega lo sobrenatural, pero que la descristianización del mundo impone otra actitud..., etc. Pero tal descristianización del mundo es algo sistemático, algo que se toma sistemáticamente, y por ninguna razón podrá dejar de ser invocada a fin de justificar la actitud laicista y muda frente a lo sobrenatural.

Silencio y mutismo de un catolicismo amansado, indiferente y estéril. Los discípulos de Maritain callan los derechos de Cristo y de su iglesia en el orden social, y se entregan complacidos a anfibologías masónicas sobre democracia y libertad.

2) Habla sin medida de la persona humana. Pondera sus derechos absolutos sin mencionar obligaciones; defiende su libertad donde nadie la discute; favorece la identificación entre obligación y coerción; no se puede mencionar alguna norma, alguna ley, alguna obligación religiosa sin que aparezca como insoportable totalitarismo. Polemiza contra el totalitarismo donde no existe. Y el principal totalitarismo contra el cual se opone son los regímenes católicos, o que tienen alguna preocupación por la integridad de la fe. Los regímenes protestantes o liberales no se conceptúan como totalitarios; el comunismo se ha vuelto totalitario solamente desde que los cables de la United Press nos lo comunicaron. La persona humana del pluralismo humanista no conoce el pecado, ni la necesidad de la gracia divina, ni la revelación, ni que el hombre es una creatura de Dios que debe acatar la revelación. En resumen, una apostasía.

3) Complejo anticlerical. Tiende a separarlo de la Iglesia; excluye a la Iglesia de todo el dominio de lo temporal. Teóricamente, es la repulsión de ciertos abusos. Prácticamente, es la repulsión de la iglesia como tal en cuanto institución con vigencia en el tiempo, en el mundo de las cosas humanas.

4) El Antitotalitarismo. La propaganda liberal, activa y fuerte, tiende por todos sus medios a identificar totalitarismo y catolicismo. No se interesa por el comunismo, o las formas totalitarias específicamente democráticas; se interesa por tachar de totalitario y nazi cualquier tipo de gravitación social de la Iglesia o de las instituciones cristianas.

El Humanismo personalista padece un verdadero complejo "totalitario"; teme, con verdadero terror, cualquier afirmación de la fe; sólo admite un catolicismo desteñido, pusilánime, que no encuentra jamás momento oportuno para sostener los postulados cristianos.

5) Antipolítico. Otra nota característica del Humanismo es que el católico, en cuanto tal, no debe intervenir en política. El complejo antipolítico toma en lo católicos una forma de retraimiento y renuncia a la acción en el orden concreto de las instituciones.

Esto era ya un defecto en nuestro catolicismo argentino, y lo sigue siendo todavía. Falto de decisión en la acción concreta, siempre se ha visto absorbido por organismos liberales, o aún masónicos. El humanista, en cambio, actúa en política, pero todo su interés está en prescindir de la fe y reducirse al plano de lo temporal. Resultado práctico es que favorece al marxismo, al comunismo, que recoge las aguas de todo naturalismo político, de toda abdicación de los principios cristianos.

6) Personalismo. Lo único que el católico puede encarecer, dentro de los esquemas humanistas, sin despertar sospechas, es la dignidad de la persona humana. De esto hemos hecho un mito. Persona humana por activa y por pasiva; es la suprema razón de ser de todas las cosas; nada de derechos ni de la Iglesia ni de Dios; el reino de Jesucristo en el mundo, con sus legítimas exigencias para el hombre, queda como una verdad poco menos que archivada, o por lo menos impracticable. La obligación de acatar la revelación no se discute, pero se la pasa en silencio; ¡tan preocupados estamos con la angustia del hombre contemporáneo que nos olvidamos que tiene un alma y que debe salvarse! El Humanismo incurre así en Pelagianismo, o por lo menos no toma en cuenta la necesidad de la gracia para sanar la naturaleza humana y superar sus problemas. La persona humana se considera únicamente como sujeto de derechos y libertades absolutas, callando las exigencias de la fe y del orden sobrenatural.

Creo que estamos bajo la amenaza de un neo-catolicismo, o mejor dicho frente a una abdicación; no podemos abdicar de la fe ni de la iglesia para entregarnos a un humanitarismo laico, naturalista, seudo espiritualista. La sustitución de la fe y de la gracia por la persona humana; la sustitución de los derechos de la iglesia y de Cristo Salvador por los derechos del hombre, tal es la esencia del pecado colectivo.

Con esta breve síntesis, damos por expuesto nuestro pensamiento sobre este asunto que nos ha preocupado muchas veces. En estos últimos años se han reunido muchísimos congresos de católicos, que rehúsan sistemáticamente la primacía de la fe, como si la Iglesia no pudiera decir nada al mundo. Si algo puede salvar al mundo es precisamente lo que viene de Dios, la actualización de los valores de la redención, y no lo que puede venir del hombre.